- Volkswagen reduce a la mitad su oferta de modelos y un 75% la complejidad de versiones.
- La capacidad de producción baja de 12 a 9 millones de vehículos anuales.
- Posible cierre de cuatro plantas en Alemania y hasta 100.000 empleos afectados.
- En España, las plantas de Martorell y Landaben están a la espera, aunque blindadas temporalmente por los nuevos eléctricos.
El grupo Volkswagen ha dado a conocer su plan para los próximos años, y la noticia no ha dejado indiferente a nadie. La compañía alemana reducirá a la mitad su oferta de modelos y recortará hasta un 75% la complejidad de las versiones y equipamientos disponibles. El objetivo es centrarse en los segmentos más rentables y adaptar la producción a una demanda que ya no es la de antes. La medida, que afecta a todas las marcas del grupo (VW, Audi, Porsche, Skoda, Seat y Cupra), se enmarca en un paquete de doce iniciativas presentado al consejo de supervisión.
La decisión llega en un momento complicado para el gigante automovilístico. La competencia china, los aranceles en Estados Unidos y la lenta transición hacia el coche eléctrico han pasado factura a unos márgenes que se han reducido a la mitad desde 2021. Oliver Blume, consejero delegado del grupo, ha asegurado que con este plan buscan «convertir a Volkswagen en la empresa automovilística más atractiva del mundo para 2030». Sin embargo, los sindicatos ya han mostrado su rechazo frontal ante la posibilidad de que se cierren fábricas y se pierdan decenas de miles de empleos.
Menos modelos, menos fábricas, menos capacidad

El plan de futuro contempla reducir la capacidad de producción de 12 a 9 millones de vehículos al año, una cifra que ya se había ajustado en dos millones desde la pandemia. La compañía quiere alinear su fabricación con las ventas reales, que llevan años a la baja. Además, se simplificará la cartera de productos: de los más de 350 modelos actuales se pasará a aproximadamente la mitad, eliminando aquellos que no generan suficiente margen.
Según ha trascendido de fuentes internas, cuatro plantas en Alemania podrían cerrar sus puertas de forma escalonada entre 2031 y 2034. Se trata de las factorías de Zwickau, Emden y Hannover (de la marca Volkswagen) y Neckarsulm (de Audi). En total, estas instalaciones emplean a unas 40.000 personas. La dirección no ha confirmado oficialmente estos cierres, pero los medios alemanes como Der Spiegel y Manager Magazin los dan por seguros. La planta de Zwickau, por ejemplo, fabrica el Cupra Born, un modelo que podría trasladarse a otras factorías con costes laborales más bajos.
El pulso con los sindicatos y el impacto en España

La reunión del consejo de supervisión, que duró más de cinco horas, no logró calmar los ánimos. Los sindicatos, liderados por IG Metall, ya han convocado protestas en todas las plantas alemanas. Christiane Benner, presidenta del sindicato, calificó los planes de «brutales» y advirtió de que no permitirán el cierre de fábricas. Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa del grupo, exigió «un plan amplio que no se limite a recortar personal y cerrar instalaciones». De fondo, el temor a que los 100.000 empleos que se barajan como posible ajuste (el doble de lo pactado hasta 2030) acaben siendo una realidad.
En España, donde Volkswagen tiene dos grandes plantas (Seat en Martorell y Volkswagen en Landaben, Pamplona), la preocupación es evidente aunque no haya anuncios concretos. Las factorías españolas han recibido recientemente el encargo de fabricar cuatro modelos eléctricos asequibles, como el Skoda Epiq en Navarra, el Volkswagen ID.Polo GTI, el Volkswagen ID.Polo y el Volkswagen ID.Cross, lo que las blinda en parte. Sin embargo, la reducción del 15% en inversiones en desarrollo de nuevas plataformas eléctricas podría comprometer la llegada de una segunda plataforma a Martorell para modelos más grandes. Los sindicatos de Seat ya han advertido que «si se empieza a recortar en Alemania, una parte se repartirá solidariamente en todos lados».
Una transformación necesaria pero dolorosa

Volkswagen insiste en que los objetivos de renovación tecnológica de los últimos tres años se han cumplido, pero la situación geopolítica ha cambiado drásticamente. Los aranceles de Trump, la invasión de fabricantes chinos y el encarecimiento de la transición eléctrica han obligado a la compañía a tomar medidas más drásticas. El grupo también planea vender marcas no estratégicas, como Ducati y Lamborghini, y ha cerrado la venta de su participación en Everllence por 7.400 millones de euros.
Para los trabajadores de Seat y Cupra, el futuro inmediato pasa por la negociación del convenio colectivo en Martorell, que debe empezar a finales de año. Se baraja una prórroga de dos años para ganar tiempo, mientras la dirección de Seat asegura que no habrá reducción de plantilla directa. Sin embargo, en los últimos años ya han salido cerca de 1.500 personas mediante prejubilaciones y bajas incentivadas. La incertidumbre es máxima, y nadie descarta que los recortes acaben llegando también a España.
El grupo Volkswagen emplea a unas 670.000 personas en todo el mundo. Con este plan, la compañía busca ganar agilidad y reducir costes en unos 90.000 millones de euros. La simplificación de la gama, el cierre de plantas y la reducción de capacidad son las herramientas elegidas para afrontar lo que Oliver Blume ha definido como «la siguiente fase de la transformación». Queda por ver si los sindicatos y los gobiernos implicados lograrán suavizar el impacto social de una reestructuración que, según todos los indicios, será la más profunda en la historia del grupo.