Precio de la gasolina y el diésel: cómo está afectando la guerra de Irán y las rebajas de impuestos en España

Última actualización: 27 de marzo de 2026
Autor: pive3
  • La guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz han disparado el precio de la gasolina y el diésel en Europa y España.
  • El Gobierno ha reaccionado con una fuerte rebaja del IVA y del impuesto especial, lo que ha provocado caídas inmediatas en el surtidor.
  • Aun con la bajada fiscal, los carburantes siguen caros, con repuntes intermitentes y máximos en periodos clave como Semana Santa.
  • España mantiene precios por debajo de la media europea, pero las diferencias entre provincias y gasolineras son muy acusadas.

precio de la gasolina y el diésel

El precio de la gasolina y el diésel se ha convertido de nuevo en uno de los temas que más preocupan a los conductores en España y a la hora de elegir los mejores coches del momento. En pocas semanas, el impacto de la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz ha llevado los carburantes a niveles muy elevados, obligando al Gobierno a aprobar una batería de medidas fiscales para contener el golpe en el bolsillo.

En medio de este vaivén, los datos muestran un escenario complejo: subidas muy intensas por la tensión geopolítica, seguidas de rebajas notables en el surtidor tras la reducción de impuestos, y de nuevo repuntes en periodos de alta demanda como la Semana Santa. Todo ello con una gran diferencia de precios entre países europeos, provincias e incluso entre gasolineras de una misma ciudad.

Qué está pasando con el precio de la gasolina y el diésel en Europa y en España

El último boletín petrolero de la Unión Europea confirma que el encarecimiento de los carburantes se nota en prácticamente toda Europa. Según los datos recopilados hasta el 23 de marzo, el precio medio de la gasolina en la UE se sitúa en 1,883 euros por litro, mientras que el diésel alcanza los 2,035 euros por litro.

Estas cifras colocan a España en una posición intermedia: la gasolina de 95 octanos se mueve en torno a 1,73 euros por litro, y el diésel ronda los 1,88 euros por litro, muy cerca de la barrera de los 1,9 euros, uno de los niveles más altos desde que existen registros. Aun así, hay diez países con la gasolina más barata y ocho con el diésel más barato que España, lo que refleja que el encarecimiento es generalizado en todo el continente.

El contraste dentro de la UE es notable. Mientras Países Bajos encabeza la clasificación con los carburantes más caros, con precios medios de 2,346 euros por litro de gasolina y 2,475 euros por litro de diésel, Malta se sitúa en el extremo opuesto, con la gasolina a 1,34 euros y el gasóleo a 1,21 euros por litro. España, sin ser de las más baratas, mantiene precios por debajo de la media comunitaria y de la zona euro, tanto en gasolina como en diésel.

Todo este movimiento responde, en gran medida, al efecto de la guerra de Irán y al bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos clave para el transporte de petróleo. El aumento del riesgo en esta ruta estratégica ha disparado el precio del crudo y, con él, el de los carburantes en toda Europa.

Del subidón por la guerra de Irán a la rebaja fiscal en los surtidores españoles

En España, el impacto del conflicto ha sido inmediato. En las primeras semanas de escalada bélica, el precio del diésel llegó a encarecerse más de un 30 % y la gasolina casi un 10 %, según los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El 17 de marzo, el gasóleo se pagaba de media a 1,898 euros por litro, frente a los 1,45 euros del 28 de febrero, mientras la gasolina también escalaba con fuerza.

Ante este escenario, el Ejecutivo de Pedro Sánchez aprobó un Real Decreto-ley de respuesta a las consecuencias de la guerra en Irán, que incluye una amplia rebaja de impuestos sobre los carburantes. La medida estrella ha sido la reducción del IVA de la gasolina y el diésel del 21 % al 10 %, junto con una bajada del impuesto especial de hidrocarburos hasta el mínimo permitido por la Unión Europea.

La entrada en vigor de este paquete fiscal se ha notado rápidamente. Los datos del Geoportal del Ministerio para la Transición Ecológica, que recopilan información de más de 12.000 estaciones de servicio, apuntan a una caída media de hasta el 11 % en los precios justo el primer día de aplicación. La gasolina 95 en Península y Baleares pasó a 1,619 euros por litro, casi 21 céntimos menos que los 1,8 euros que se registraban días antes, y el diésel se abarató hasta 1,804 euros por litro, unos 16 céntimos menos.

Traducido a un depósito de 55 litros, llenar el depósito de gasolina cuesta ahora en torno a 10,9 euros menos que antes de la entrada en vigor del decreto, y en el caso del diésel el ahorro ronda los 9 euros por repostaje. Son niveles que no se veían desde principios de marzo y que han dado cierto respiro a las familias y a las empresas.

Cómo influyen los impuestos en el precio final del combustible

La rebaja fiscal ha puesto el foco en una realidad que a menudo pasa desapercibida: la mayor parte del precio de la gasolina y el diésel son impuestos. Según la Asociación de la Industria del Combustible en España, alrededor del 44 % de lo que paga un conductor al repostar corresponde a tributos, mientras que el 38 % se asocia al coste de la materia prima (el petróleo y su refino), el 15 % a logística y distribución y apenas un 1 % a los márgenes de los mayoristas.

Esto significa que, en un repostaje de 50 euros, unos 22 euros van a Hacienda, alrededor de 20,8 euros cubren el coste del combustible en origen y unos 6,4 euros se destinan a transporte, almacenamiento y comercialización. Menos de un euro queda como margen empresarial. Por eso, cualquier cambio en la fiscalidad tiene un impacto directo en el precio final del litro.

La rebaja del IVA del 21 % al 10 % en gasolina y diésel supone, según las estimaciones del sector, un ahorro medio de entre 17 y 18 céntimos por litro para la gasolina 95 y el gasóleo, aunque en algunos casos el descuento puede acercarse a los 30 céntimos por litro en función del tipo de carburante y de los precios de partida.

Lo que no varía es el impuesto especial de hidrocarburos en su componente fijo, que se mantiene en torno a 38 céntimos por litro de diésel y 47 céntimos por litro de gasolina, aunque sí se ha llevado temporalmente a los niveles mínimos que permite Bruselas en algunas modalidades. Este tributo sigue siendo una pieza clave de la factura y limita la capacidad de recorte del precio final.

El Ministerio de Hacienda ha defendido que, con la nueva estructura, la carga impositiva efectiva sobre los carburantes se reduce de forma muy significativa, y la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, ha insistido en que los ciudadanos ya están notando ahorros de hasta 20 euros por depósito, al tiempo que ha asegurado que la rebaja «no está engordando los márgenes de las empresas».

Rebaja de precios en el surtidor: qué dice la realidad de las gasolineras

A pesar de la caída inmediata en los precios medios, los datos más recientes indican que la rebaja fiscal no se ha trasladado por completo al surtidor. El propio Gobierno había calculado que el precio de la gasolina 95 debía reducirse en unos 29 céntimos por litro y el del diésel en unos 23 céntimos, tomando como referencia las cotizaciones del jueves previo al anuncio.

Sin embargo, al comparar esos niveles con los datos del domingo posterior a la entrada en vigor del decreto, la bajada efectiva fue de 17,2 céntimos en la gasolina y de apenas 11,6 céntimos en el diésel. Parte de esta diferencia se explica porque todavía hay estaciones de servicio que no han actualizado sus precios en el Geoportal o han tardado en repercutir íntegramente el recorte impositivo.

La CNMC ha recibido más capacidad para vigilar posibles prácticas abusivas y sancionar a las compañías que intenten apropiarse de parte de los descuentos, pero la experiencia reciente invita a la prudencia. Un estudio sobre la bonificación general de 20 céntimos por litro aplicada en 2022 cifró en unos 857 millones de euros la cantidad de ayuda pública que habría acabado engrosando los márgenes de las petroleras.

Las asociaciones de consumidores también están en guardia. Facua, por ejemplo, ha denunciado que una de cada cuatro gasolineras habría aprovechado la bajada del IVA para subir sus tarifas, señalando a más de 2.300 estaciones que incrementaron precios precisamente cuando se esperaba una reducción generalizada.

En paralelo, los datos oficiales confirman que, aun con las rebajas impositivas, los precios del diésel siguen siendo muy altos en comparación histórica, rozando niveles no vistos desde finales de 2022. La gasolina, por su parte, se mantiene algo por debajo de los máximos de aquella época, pero en un entorno todavía caro para muchos bolsillos.

Semana Santa con carburantes caros: subidas más moderadas, pero persistentes

La llegada de la Semana Santa, uno de los periodos con más desplazamientos por carretera del año, ha coincidido con una fase en la que las subidas de los carburantes se han moderado, pero no han desaparecido. El Boletín Petrolero de la UE muestra que, en la última semana, el precio medio del litro de diésel ha aumentado alrededor de un 2,5 %, mientras que la gasolina lo ha hecho en torno a un 1,5 %.

Son incrementos menores que los de semanas previas, cuando algunos repuntes llegaron a ser de dos dígitos, pero los carburantes acumulan ya diez semanas consecutivas al alza. La Dirección General de Tráfico prevé más de 17 millones de desplazamientos entre el 27 de marzo y el 6 de abril, y esos viajes se harán con unos precios todavía elevados en las estaciones de servicio.

Con las últimas referencias, el diésel se sitúa en torno a 1,778 euros por litro, lo que supone el nivel más alto en una Semana Santa desde que hay registros, incluso por encima de 2022, cuando costaba 1,647 euros por litro con la bonificación estatal ya en marcha. La gasolina, con unos 1,575 euros por litro, también marca máximos para estas fechas, aunque se mantiene por debajo de sus picos de 2022.

Este encarecimiento se nota rápidamente al llenar el depósito: repostar 55 litros de diésel ronda los 97,8 euros, unos 18 euros más que en la Semana Santa de 2025, mientras que la gasolina se sitúa en torno a 86,6 euros por depósito, unos 3 euros más que un año antes. Aun así, los carburantes siguen por debajo de los récords de julio de 2022, cuando la gasolina llegó a 2,141 euros por litro y el diésel a 2,1 euros.

Los datos del boletín europeo todavía no reflejan completamente el efecto de la rebaja del IVA al 10 %, ya que se calculan con medias de la semana anterior. En cualquier caso, las cifras muestran que, incluso con la ayuda fiscal, el coste de circular sigue siendo más alto que hace un año, especialmente para quienes dependen del diésel.

El “sorpasso” del diésel y el efecto cohete y pluma

Uno de los fenómenos más llamativos de los últimos meses es el llamado “sorpasso” del diésel sobre la gasolina. En España, el gasóleo se sitúa claramente por encima de la gasolina 95, con diferencias medias cercanas a los 20 céntimos por litro, algo que recuerda a lo ocurrido en los primeros compases de la guerra de Ucrania.

Esto tiene mucho que ver con el papel del diésel en la economía: está más ligado al transporte de mercancías y a la actividad industrial, por lo que en épocas de tensión internacional y alta demanda tiende a encarecerse más rápido. También influyen factores de refino y capacidad de producción, que hacen que, en determinados momentos, el diésel sea un producto especialmente escaso en los mercados.

A esta dinámica se suma el conocido efecto “cohete y pluma”, que muchos conductores han comprobado en primera persona. Cuando sube el precio del petróleo, la gasolina y el diésel parecen despegar en cuestión de días, como un cohete; cuando el crudo baja, la caída en el surtidor llega mucho más despacio, como una pluma.

Organismos como la CNMC han analizado este comportamiento y concluyen que pueden darse ajustes desiguales entre las subidas y las bajadas, aunque su intensidad varía según el momento. Influyen factores como el combustible ya comprado y almacenado a precios anteriores, los tiempos de distribución, los contratos de suministro o la propia competencia entre estaciones de servicio.

En la práctica, todo esto se traduce en que los conductores tardan más en notar en su bolsillo las bajadas del petróleo, mientras que las subidas llegan casi de inmediato. Un patrón que, unido a la incertidumbre geopolítica, alimenta la sensación de inestabilidad permanente en el precio de los carburantes.

Descuentos privados y ayudas complementarias: el caso de Repsol

Además de las medidas del Gobierno, algunas grandes compañías han lanzado sus propios planes de descuentos en gasolina y diésel para retener clientes y mitigar parcialmente el impacto de la subida. El caso más llamativo en las últimas semanas ha sido el de Repsol, que ha decidido reforzar las bonificaciones en sus estaciones de servicio.

La petrolera ha anunciado que duplicará el descuento habitual para los usuarios de su aplicación Waylet, pasando de hasta 20 céntimos por litro a un máximo de 40 céntimos por litro durante un periodo limitado. Esta promoción se aplica en más de 3.300 gasolineras repartidas por toda España y está pensada, sobre todo, para los días de mayor movilidad, incluyendo el pico de viajes de Semana Santa.

El descuento concreto depende del perfil de cada cliente y de los servicios contratados, de manera que los profesionales del transporte y los autónomos que utilizan tarjetas como Solred pueden sumar bonificaciones adicionales de unos 5 céntimos por litro, compatibles con otras ayudas públicas que el Ejecutivo pueda reactivar, como ocurriera con la bonificación general de 20 céntimos en 2022 y 2023.

Repsol subraya que estas campañas buscan que la subida del diésel y la gasolina sea algo más llevadera en un momento de máxima presión sobre los precios. Para el consumidor, esto significa que, dependiendo de la estación elegida y del programa de fidelización, la factura final puede variar de forma relevante respecto al precio medio del mercado.

Más allá de esta iniciativa concreta, otras cadenas y supermercados también han optado por ofertas y promociones puntuales, lo que refuerza la idea de que comparar tarifas entre gasolineras se ha convertido en una herramienta imprescindible para ahorrar.

Mapa de precios: grandes diferencias entre provincias y gasolineras

Los datos del Ministerio para la Transición Ecológica muestran que el precio de la gasolina y el diésel varía mucho según la zona. No es lo mismo repostar en una gran ciudad, en una provincia de interior o en una región insular, ni se paga igual en una estación de una gran marca que en una gasolinera independiente o vinculada a un hipermercado.

El Geoportal oficial, que se actualiza cada media hora con información remitida por más de 12.000 estaciones, permite comprobar que las diferencias entre la gasolinera más barata y la más cara de una misma provincia pueden superar fácilmente los 20 o 30 céntimos por litro. Esto implica que, en un solo depósito, el ahorro o el sobrecoste puede rondar los 10 euros.

En muchas capitales y áreas metropolitanas destacan gasolineras de bajo coste y estaciones asociadas a cadenas de supermercados que marcan algunos de los precios más competitivos. En el otro extremo, hay áreas rurales o zonas con poca competencia donde el litro de carburante se mantiene sensiblemente por encima de la media nacional.

El mapa también refleja un patrón ya conocido: los archipiélagos suelen ofrecer precios más bajos gracias a una fiscalidad específica, mientras que determinadas regiones peninsulares se sitúan de forma constante en la parte alta de la tabla. Para el conductor, la consecuencia es clara: elegir bien dónde repostar se ha vuelto casi tan importante como decidir qué ruta seguir.

La paralización parcial del Estrecho de Ormuz y la escalada de la guerra en Oriente Medio han añadido una capa de volatilidad a este mosaico de precios. Lo que ocurra en las próximas semanas y meses con las rutas de suministro, las decisiones de los países productores y la evolución del conflicto será determinante para saber si los carburantes se estabilizan o si vuelve otra oleada de subidas.

Con este panorama, los conductores españoles se mueven en un entorno en el que los carburantes siguen caros pese a la rebaja fiscal, el diésel ha tomado la delantera a la gasolina y las diferencias entre estaciones de servicio se han convertido en una de las claves para contener el gasto en cada repostaje.

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