- La intención de compra de coche eléctrico crece en España, con más matriculaciones y una percepción cada vez más positiva de sus ventajas, aunque el híbrido sigue liderando las preferencias.
- Las principales barreras siguen siendo el precio, la autonomía y la infraestructura de recarga, junto con un contexto económico frágil que hace que muchos conductores retrasen la compra.
- La mejora de la red de recarga, nuevos incentivos como los Certificados de Ahorro Energético y la entrada de marcas más competitivas en precio pueden acelerar la adopción.
- El desarrollo de un mercado de ocasión fiable y con garantías sobre la batería será clave para consolidar la transición hacia la movilidad eléctrica.
La intención de compra de coche eléctrico en España está viviendo un momento muy particular. Por un lado, las matriculaciones siguen creciendo con fuerza y cada vez más conductores se plantean dar el salto a la movilidad eléctrica; por otro, persisten muchas dudas sobre el precio, la autonomía, la recarga y el valor de los vehículos usados. Todo ello dibuja un escenario lleno de oportunidades, pero también de frenos muy concretos.
En los últimos estudios publicados por distintos observatorios, consultoras y empresas del sector se aprecia una mezcla de interés creciente, prudencia económica y cierto desencanto con la realidad del mercado. La foto es mucho más matizada de lo que suelen reflejar los titulares: hay datos muy positivos sobre aceptación de la tecnología, pero también señales de fatiga en la demanda, falta de confianza en el mercado de ocasión y preocupación general por los precios y la infraestructura de recarga.
Cómo evoluciona la intención de compra de coche eléctrico en España
Si miramos las cifras más recientes, el arranque de 2026 está siendo especialmente sólido para el coche eléctrico en nuestro país. En el primer trimestre se han matriculado 30.702 turismos eléctricos, lo que supone una cuota de mercado del 8,36% y un aumento cercano al 40% respecto al mismo periodo del año anterior. Es decir, no solo se venden más eléctricos, sino que lo hacen a un ritmo muy superior al del resto de tecnologías.
Este crecimiento se apoya, en buena medida, en un cambio de percepción por parte del público. Según el estudio “La voz de los conductores españoles ante la revolución del motor”, elaborado por el Observatorio Cetelem, la intención de compra de un coche eléctrico puro se ha situado en el 18%. Esta cifra supone un incremento de unos cinco puntos frente al año previo y coloca al eléctrico prácticamente al mismo nivel que los coches de gasolina, que alcanzan el 19% de intención, y por encima del diésel, que se queda en torno al 14%.
Donde todavía hay un dominio claro es en las mecánicas híbridas, que concentran cerca del 48% de la intención de compra. Los híbridos no enchufables y los híbridos enchufables se perciben por muchos usuarios como una especie de “puente” entre la combustión tradicional y el vehículo 100% eléctrico, lo que explica que sigan encabezando las preferencias cuando se pregunta por el próximo coche.
Otro dato relevante del informe de Cetelem es el presupuesto medio que los conductores estarían dispuestos a destinar a un coche eléctrico nuevo. La cifra se sitúa en torno a 33.927 euros, con una ligera subida respecto al año anterior. No es un salto espectacular, pero indica que quienes se plantean un eléctrico aceptan pagar algo más que por un turismo convencional, siempre que perciban un valor añadido en ahorro de uso, ventajas fiscales o acceso a zonas de bajas emisiones.

Principales barreras: precio, autonomía y recarga
Más allá de la buena evolución de las matriculaciones, el coche eléctrico todavía arrastra una serie de barreras muy claras en la mente del consumidor. Algunas son puramente emocionales y otras responden a obstáculos objetivos que, poco a poco, se van reduciendo, pero que siguen muy presentes en la decisión de compra.
Entre los frenos más “viscerales” están el apego a ciertos elementos del coche tradicional, como el olor a gasolina o el sonido del motor, así como la sensación de que nadie debería imponer al conductor qué tipo de vehículo tiene que comprar. Cambiar este tipo de percepciones es complejo porque no se resuelve solo con datos técnicos o campañas informativas; aquí entran en juego hábitos, gustos y hasta una cierta resistencia a las normativas ambientales.
En el terreno de los obstáculos objetivos, la autonomía sigue encabezando las preocupaciones, aunque cada vez con menos fuerza. De acuerdo con el Observatorio Cetelem, la ansiedad por la autonomía ha caído 14 puntos respecto al año anterior y se sitúa ahora alrededor del 50% de los encuestados. Aun así, continúa siendo el principal motivo de duda para la mitad de los conductores que se plantean un eléctrico.
Cuando se pregunta por la autonomía mínima aceptable para comprar un coche eléctrico puro, la respuesta mayoritaria (en torno al 38%) se sitúa entre 350 y 499 kilómetros por carga. Un 33% se conformaría con un rango de 200 a 349 km, mientras que casi un 22% declara que no se compraría un eléctrico con menos de 500 km homologados. Solo un grupo reducido, alrededor del 8%, dice estar dispuesto a usar un vehículo con menos de 200 km de autonomía, algo que apunta a perfiles muy urbanos o con necesidades de desplazamiento muy concretas. En algunos segmentos, sin embargo, ya aparecen modelos con más de 600 km que ofrecen otra alternativa a los compradores más exigentes.
El precio se mantiene como el otro gran freno, aunque también aquí se observa una ligera mejora. Aproximadamente un 48% de los conductores señala el coste de compra como un impedimento relevante, seis puntos menos que en el ejercicio anterior. Esta bajada se explica por el esfuerzo de los fabricantes para ajustar tarifas, por la creciente competencia -incluida la entrada de marcas chinas con precios agresivos- y por las promociones puntuales en concesionarios. Aun así, la diferencia de precio frente a un vehículo de combustión sigue siendo un muro considerable para buena parte de los hogares.
Contexto económico y sensibilidad al precio del comprador español
Para entender de verdad la intención de compra de coche eléctrico en España hay que mirar al contexto económico de las familias. Una parte importante de la población sigue muy ajustada de ingresos y llega a fin de mes con dificultad, a menudo gracias a ayuda de familiares. En estas circunstancias, para muchos conductores cambiar de coche ni siquiera entra en sus planes a corto plazo, ya sea eléctrico, híbrido o de combustión.
Los que sí contemplan renovar su vehículo examinan el presupuesto con lupa. De ahí que coches de precio ajustado, como el Dacia Sandero, se hayan convertido en líderes de ventas en los últimos años. El mercado español es muy sensible al coste de adquisición y la decisión suele estar marcada antes por el precio que por la tecnología de propulsión. Para que el grueso de los conductores se incline masivamente por el coche eléctrico, los precios deben alinearse mejor con lo que el bolsillo medio puede asumir.
Los concesionarios y las marcas son plenamente conscientes de este problema y han presionado para que se activen cuanto antes ayudas públicas más ágiles y eficaces. No se trata solo de que exista un plan de incentivos sobre el papel, sino de que su tramitación sea rápida, clara y sin trabas burocráticas. Hoy por hoy, muchos programas se quedan cortos en visibilidad y agilidad, y una parte de los potenciales compradores ni siquiera considera las subvenciones un argumento decisivo: apenas un 31% de los encuestados en el Mobility Barometer de Europ Assistance menciona las ayudas como motivo de peso para cambiar a un eléctrico.
Esta falta de impacto real de los incentivos, unida a la incertidumbre económica, explica por qué en algunos estudios como el del Observatorio RACE de Conductores solo alrededor del 17% de los automovilistas españoles planea adquirir un vehículo (nuevo o de segunda mano) en los próximos doce meses. De ese grupo, cerca del 60% optaría por un coche nuevo, mientras que alrededor del 34% se inclinaría por un seminuevo, reflejando una preferencia todavía importante por vehículos con poco uso, pero no necesariamente de última tecnología eléctrica.
Percepción de las ventajas del coche eléctrico
Paralelamente a estas barreras, se aprecia un avance claro en el reconocimiento de las ventajas objetivas de los vehículos eléctricos. Cada vez más conductores perciben beneficios tanto económicos como de fiabilidad y confort, algo que contrasta con la fase inicial del mercado, donde predominaban la curiosidad y las dudas.
En términos de coste de uso, la percepción de que un eléctrico puede resultar más económico a medio y largo plazo ha crecido varios puntos y se sitúa alrededor del 24% de los encuestados, según Cetelem. El aumento del precio de los combustibles fósiles, agravado por tensiones geopolíticas como la crisis en Oriente Medio, juega un papel importante en este cambio de mentalidad, ya que hace más visibles los ahorros en energía y mantenimiento asociados a la movilidad eléctrica.
La confianza en la fiabilidad de la tecnología también ha mejorado: en los últimos barómetros ha aumentado en torno a ocho puntos, hasta situarse sobre el 22%. Muchos usuarios que ya conviven con un eléctrico destacan la reducción de averías mecánicas graves, el menor número de piezas de desgaste y el comportamiento silencioso y suave del vehículo, factores que poco a poco van desmontando la idea de que se trata de una tecnología “experimental”.
Si se pregunta por las ventajas más valoradas, encabeza la lista el hecho de que el coche eléctrico se considere un medio de transporte más ecológico por el 52% de los españoles, seguido de su carácter silencioso, apreciado por alrededor del 48%. Estas características no solo impactan en la sensación de bienestar al volante, sino que conectan con un discurso social y político centrado en la reducción de emisiones y el ruido en las ciudades.
Sin embargo, esta mejor valoración no significa que el eléctrico puro sea ya la elección dominante. En el informe del RACE se apunta que, entre quienes piensan comprar coche, la cuota de quienes se plantean un modelo 100% eléctrico apenas ronda el 8%, con la mayoría decantándose por motorizaciones de combustión tradicionales o híbridas. Esto revela una clara distancia entre la imagen positiva de la tecnología y la decisión final de compra, donde pesan mucho las restricciones presupuestarias y la comodidad percibida de las opciones conocidas.
Infraestructura de recarga y autonomía: ¿siguen siendo un freno?
La infraestructura de recarga es uno de los aspectos donde más contraste existe entre la percepción del usuario y la evolución real de la red. Por un lado, muchos consumidores siguen señalando la falta de puntos de carga públicos como un obstáculo clave; por otro, los datos muestran que la red está creciendo a un ritmo apreciable, aunque todavía insuficiente para dar una sensación de plena seguridad.
Según el último Barómetro de Electromovilidad de ANFAC, correspondiente a marzo de 2026, la infraestructura de recarga de acceso público en España aumentó un 3,8% solo en el primer trimestre del año. Con este incremento, el país ya habría alcanzado aproximadamente el 62% del objetivo de potencia instalada en recarga fijado para el conjunto de 2026, apoyado también por proyectos de almacenamiento con baterías que mejoran la estabilidad energética.
Pese a esa mejora, en estudios como el de Europ Assistance y el de Simon-Kucher se observa que la recarga doméstica sigue siendo claramente predominante entre los propietarios de vehículos eléctricos. Es decir, la mayoría de usuarios recarga su coche en casa o en el trabajo y utiliza los puntos públicos como complemento para viajes largos. La red pública continúa percibiéndose como el principal cuello de botella para la adopción masiva, sobre todo por problemas de fiabilidad, disponibilidad real de cargadores operativos y falta de uniformidad en métodos de pago.
En el Mobility Barometer de Europ Assistance, los factores que más preocupan a los conductores a la hora de plantearse un eléctrico son, por este orden, la autonomía (56%), el precio de compra (54%) y la falta de puntos de carga (45%). Estos tres motivos se repiten, con porcentajes muy similares, en prácticamente todos los informes, lo que demuestra que las prioridades del usuario medio son bastante consistentes: quiere un coche que llegue sin apuros a sus destinos habituales, que no se dispare de precio y que pueda recargar sin complicaciones.
Del lado más positivo, algunos estudios subrayan que el tiempo de recarga va perdiendo peso como barrera psicológica, con caídas de hasta seis puntos porcentuales, situándose ya alrededor del 34%. En la medida en que se extienden los cargadores rápidos y superfáciles, y que las personas van entendiendo que el patrón de recarga se parece más al del teléfono móvil (cargas frecuentes y parciales) que al de “llenar el depósito”, se reduce la sensación de que habrá que pasar horas esperando para poder usar el coche.
Mercado de segunda mano y confianza en la batería
Uno de los puntos más delicados para el desarrollo del coche eléctrico es el mercado de ocasión. Mientras que en los vehículos de combustión el usado es un pilar fundamental para la renovación del parque, en el caso de los eléctricos sigue existiendo una gran desconfianza que lastra la demanda y, por extensión, el valor residual de estos coches.
El Estudio Global de Consumidor de Automoción 2025 de Simon-Kucher aporta datos muy claros al respecto. Aunque el 98% de los actuales propietarios de vehículos eléctricos volvería a comprar uno, el mercado de segunda mano no termina de despegar. A cerca del 62% de los potenciales compradores les preocupa especialmente la duración y estado de la batería, más de la mitad desconfía por la falta de historial verificado del vehículo y casi un 40% menciona la ausencia de garantías claras como motivo para no lanzarse a por un eléctrico usado.
Los expertos de la consultora insisten en que el mercado de eléctricos de ocasión no mejorará hasta que se refuerce la confianza del comprador con medidas muy tangibles: certificación oficial del estado de la batería, transparencia exhaustiva en el historial del vehículo (kilometraje, cargas rápidas, mantenimientos, golpes) y garantías ampliadas que aporten seguridad real durante varios años. Sin estos elementos, es difícil que el cliente se sienta cómodo pagando un precio razonable por un coche cuyo componente más caro -la batería- no sabe cuánto tiempo le va a durar.
La situación española en este sentido es particularmente sensible, porque muchos conductores dependen del mercado de segunda mano para acceder a vehículos más modernos. Si el eléctrico usado no ofrece confianza y precios competitivos, la electrificación del parque se ralentiza, por mucho que los nuevos registren buenas cifras de matriculaciones en segmentos concretos.
Cambios en la intención de compra a nivel europeo y global
Cuando ampliamos el foco y analizamos lo que está pasando en otros países, se observa que el entusiasmo inicial por los vehículos eléctricos se ha moderado. A escala europea, España destaca por registrar una de las mayores caídas en la consideración de compra de vehículos eléctricos nuevos: en algunos estudios se pasa de un 60% de interesados a un 45% en un año, sobre todo por la reducción de incentivos, la incertidumbre fiscal y la percepción de insuficiencia en la infraestructura.
A nivel global, las cifras de crecimiento también reflejan una cierta fatiga. El mercado de vehículos electrificados en sentido amplio (híbridos, híbridos enchufables y eléctricos puros) ralentizó su crecimiento del 37% interanual en 2022 a alrededor del 29,7% en 2023, con previsiones de caer a cerca del 22% en 2024 y un repunte moderado hacia el 23% en 2025. Si se mira solo a los eléctricos de batería (BEV), la desaceleración es más drástica: el crecimiento de las ventas se redujo a la mitad, del 65% en 2022 al 32% en 2023, con un primer semestre de 2024 en torno al 9,6%.
Las causas señaladas por informes como el EY Mobility Consumer Index son múltiples: retirada o reducción de incentivos gubernamentales, políticas cambiantes sobre las fechas de prohibición de motores de combustión, falta de modelos asequibles, preocupaciones sobre la autonomía y el tiempo de carga, dudas sobre el valor de reventa y miedo a costes de mantenimiento inesperados. Todo ello ha generado una suerte de “meseta” en la demanda, donde ya no mandan los early adopters, sino un comprador más convencional y exigente que pide valor, calidad y precios razonables.
La gran pregunta para fabricantes, proveedores y distribuidores es si esta meseta es simplemente un bache temporal o una desaceleración estructural. La respuesta dependerá, en buena medida, de la capacidad del sector para lanzar eléctricos más asequibles, mejorar la red de recarga, dar garantías claras en el mercado de segunda mano y mantener una hoja de ruta regulatoria estable que no cambie cada pocos años.
Mención especial: marcas chinas e impacto en la percepción del precio
Un elemento relativamente nuevo en este puzle es la irrupción de las marcas chinas de coches eléctricos en el mercado europeo y, particularmente, en el español. Los datos indican que España es uno de los países de Europa con mayor disposición a adquirir un vehículo de origen chino: alrededor del 43% de los encuestados afirma que estaría dispuesto a hacerlo, con una aceptación especialmente alta entre la Generación Z y los Millennials.
El principal gancho de estas marcas es el precio competitivo, en muchos casos acompañado de un nivel de equipamiento tecnológico muy alto. Firmas como BYD han experimentado crecimientos espectaculares: se habla de subidas de más del 700% en España y del 200% en la Unión Europea, impulsadas por gamas de eléctricos y electrificados con una relación calidad-precio difícil de igualar por algunos fabricantes occidentales.
Este fenómeno ha provocado un cierto choque con la estrategia regulatoria europea, que busca proteger a la industria local y, al mismo tiempo, acelerar la electrificación. Las medidas de Bruselas para frenar la competencia china, a través de posibles aranceles o investigaciones por competencia desleal, pueden tener como efecto secundario un encarecimiento de los eléctricos en Europa, alejando de nuevo la tecnología del alcance de muchos bolsillos.
En el lado de los servicios, otra tendencia destacada es el fuerte apoyo de los consumidores a los planes de mantenimiento prepago y garantías extendidas, que obtienen alrededor de un 85% de aceptación en España según Simon-Kucher. Esto refleja una preferencia clara por costes predecibles y productos de posventa transparentes. Sin embargo, el uso de plataformas online para comparar precios de recambios sigue siendo relativamente bajo: solo uno de cada cuatro conductores españoles recurre a ellas antes de ir al taller, lo que evidencia un cierto margen de mejora en la digitalización del usuario.
Intención de compra frente a otras formas de movilidad
La intención de compra de coche eléctrico también se ve condicionada por el papel que juega el automóvil dentro del conjunto de opciones de movilidad. En España, el uso del coche particular sigue siendo claramente dominante: alrededor del 78% de los encuestados afirma utilizarlo al menos una vez a la semana, y el interés por alternativas como el coche compartido o el alquiler por minutos sigue siendo modesto.
El Mobility Barometer de Europ Assistance muestra que la propiedad del coche continúa siendo el modelo preferido para la mayoría, lo que dificulta una transición muy rápida hacia una movilidad 100% electrificada, especialmente en un contexto de precios altos de los eléctricos nuevos. La combinación de coches costosos, ayudas poco eficaces y preferencia por la propiedad en lugar del uso compartido ralentiza el ritmo de cambio respecto a otros países con más cultura de carsharing o suscripción.
En paralelo, el Observatorio RACE de Conductores pone de relieve el limitado peso actual de los vehículos de movilidad personal (VMP), como patinetes y bicicletas eléctricas, como sustitutos reales del coche privado. Cerca del 80% de los encuestados declara no usar estos medios, y más de la mitad afirma que no podrían emplearlos para sus trayectos diarios, ya sea por distancias excesivas, falta de infraestructuras seguras o necesidades familiares y laborales.
La regulación de estos VMP se percibe, además, como un tema prioritario. Más del 90% de los conductores pide normas claras a nivel nacional, que incluyan la obligatoriedad de luces delanteras y traseras, intermitentes y formación en seguridad vial para los usuarios. Todo esto apunta a que, a corto y medio plazo, el vehículo 100% eléctrico no va a reemplazar de golpe a los modelos tradicionales o híbridos, sino que convivirá con ellos en un ecosistema de movilidad todavía muy centrado en el coche privado.
Incentivos innovadores: el ejemplo de los Certificados de Ahorro Energético
Además de las ayudas públicas clásicas, empiezan a aparecer mecanismos alternativos para incentivar la compra de eléctricos. Un caso llamativo es el de los Certificados de Ahorro Energético (CAE), un sistema nacional que reconoce y remunera proyectos que generan ahorro de energía, entre ellos la sustitución de un coche de combustión por uno 100% eléctrico.
En colaboración con entidades autorizadas como Murartech, algunas marcas -por ejemplo, Citroën- están ofreciendo a los clientes que adquieran un vehículo eléctrico nuevo una bonificación directa de hasta 1.000 euros (IVA incluido), sin importar el modelo ni el tipo de comprador (particular o empresa). Esta bonificación se gestiona íntegramente a través de la red de concesionarios, por lo que el usuario no tiene que lidiar con trámites complejos.
Es importante subrayar que estos CAE no se consideran una subvención al uso, sino una monetización del ahorro energético certificado tras sustituir un vehículo de combustión del que el comprador haya sido titular durante al menos 12 meses. Tampoco reducen el precio de catálogo del coche, sino que actúan como una bonificación adicional, lo que permite mantener la imagen de valor del producto y, al mismo tiempo, ofrecer un incentivo real al cliente.
Este tipo de fórmulas complementarias puede ganar peso en los próximos años, sobre todo si las ayudas estatales tradicionales pierden fuelle o aumentan las exigencias presupuestarias. Para el comprador, se trata de una manera más de acortar la brecha de precio entre un eléctrico y un modelo de combustión, algo clave si se quiere que la intención de compra se transforme en ventas efectivas, especialmente en segmentos de volumen.
La fotografía que dibujan todos estos estudios es compleja, pero también muy reveladora: la intención de compra de coche eléctrico en España está en una fase de madurez temprana, en la que conviven entusiasmo por las ventajas ambientales y de uso, mejoras claras en la percepción de la fiabilidad y un crecimiento sostenido de las matriculaciones, con un contexto económico frágil, una fuerte sensibilidad al precio, dudas persistentes sobre la infraestructura de recarga y un mercado de segunda mano que aún no da la seguridad necesaria. El reto para los próximos años será convertir ese interés potencial, que en algunos informes roza cifras cercanas a 9 de cada 10 conductores cuando se suman eléctricos e híbridos, en decisiones de compra reales mediante precios más ajustados, ayudas eficaces, redes de recarga confiables y estrategias de confianza tanto en el coche nuevo como en el usado.