- Los combustibles renovables permiten descarbonizar el parque móvil actual sin necesidad de modificar motores ni infraestructuras existentes.
- Proyectos piloto en España, liderados por Repsol, BMW, Toyota y Bosch, validan la viabilidad y trazabilidad de la gasolina renovable.
- La neutralidad tecnológica se posiciona como una alternativa clave frente a la electrificación total para alcanzar los objetivos de emisiones de la UE.
Seguramente hayas oído hablar mil veces que el coche eléctrico es el único camino, pero la realidad es que el tablero de juego está cambiando. Ahora mismo se está cocinando un debate muy intenso en Bruselas sobre la neutralidad tecnológica, sugiriendo que no hace falta tirar el coche que ya tenemos para dejar de contaminar. La idea es simple pero ambiciosa: usar el mismo motor de combustión, pero alimentarlo con energía que no provenga del petróleo.
Esta alternativa no es ciencia ficción, sino que ya está rodando por nuestras carreteras. Gracias a la colaboración de gigantes industriales y energéticos, España se ha convertido en el laboratorio europeo de los combustibles líquidos sostenibles. No hablamos solo de biocombustibles básicos, sino de soluciones avanzadas que prometen reducir la huella de carbono de forma drástica sin que el conductor tenga que hacer absolutamente nada diferente al repostar.
¿De qué hablamos exactamente cuando decimos combustibles renovables?
Para que no haya confusiones, estos carburantes se dividen principalmente en dos familias. Por un lado tenemos los biocombustibles, que se sacan de materia orgánica, como el aceite usado de las freidoras, restos de podas o grasas animales. Por otro lado están los combustibles sintéticos o e-fuels, que son auténticas joyas de la ingeniería fabricadas en laboratorio capturando el CO2 directamente del aire y combinándolo con hidrógeno verde.
Lo más flipante es que son soluciones llamadas drop-in. Esto significa que son químicamente idénticos a la gasolina o el diésel tradicionales. Puedes echarlos en el depósito de un coche de hace diez años y funcionarán perfectamente, ya que no requieren modificaciones en el motor ni en el sistema de inyección, ni tampoco que las gasolineras cambien sus mangueras o depósitos.
El experimento español: Nexa 95 y la alianza estratégica

Para demostrar que esto no es solo marketing, se ha puesto en marcha un proyecto piloto con una flota de unos 20 vehículos de BMW y Toyota. Están usando la gasolina Nexa 95 de Repsol, producida a escala industrial en Tarragona, para ver cómo se comporta en condiciones reales de tráfico. En este tinglado también entra Bosch, que ha desarrollado el Digital Fuel Twin, un software de trazabilidad que permite saber exactamente cuánto combustible renovable consume cada coche, evitando que se mezcle con fósiles sin control.
Los datos son bastante prometedores. Se estima que este tipo de gasolina puede reducir las emisiones netas de CO2 en más de un 70%, y en algunos casos hasta un 90%, comparado con la gasolina de toda la vida. Esto es posible porque el carbono que sale por el escape es el mismo que la planta o el proceso industrial capturó previamente del aire, creando un ciclo casi cerrado.
Infraestructura y producción: De Puertollano a Cartagena

España no se queda atrás en la fabricación. Repsol ha metido una pasta considerable, unos 130 millones de euros, para transformar una antigua planta en Puertollano en una unidad de combustibles renovables. Esta instalación puede sacar 200.000 toneladas anuales de diésel sostenible, que se suman a las 250.000 que ya produce la planta de Cartagena. Para rematar la jugada, usan hidrógeno renovable para que la huella de carbono baje hasta un 98%.
Además del diésel y la gasolina, se está trabajando fuerte en el SAF (combustible sostenible de aviación), fundamental para sectores donde las baterías pesan demasiado y no son viables. Este despliegue industrial no solo ayuda al planeta, sino que fortalece el empleo local y reduce la dependencia energética de otros países.
El reto del precio y la normativa europea
Ahora bien, no todo es color de rosa. Si vas a una gasolinera, notarás que estos combustibles son más caros, situándose ahora mismo al nivel de las gasolinas Premium. El problema es el coste de producción, que puede llegar a ser el doble o el triple que el del petróleo. Sin embargo, la esperanza es que la fiscalidad cambie y que se apliquen menos impuestos a quienes reduzcan emisiones reales en todo el ciclo de vida del producto.
En el plano político, figuras como Ursula von der Leyen y Stéphane Séjourné han dejado la puerta abierta a revisar las normas de 2035. La industria, apoyada por entidades como Crecemos o Fuels Europe, pide un marco regulatorio estable. Si las reglas del juego son claras, las empresas invertirán más y los precios bajarán. Además, ya se están probando en el mundo del motor extremo, como en el Dakar o MotoGP, donde se ha comprobado que incluso pueden mejorar la fiabilidad y el rendimiento del motor.
La transición hacia una movilidad limpia no tiene por qué ser un camino único. Mientras el coche eléctrico sigue su curso, los combustibles renovables aparecen como la pieza del puzzle que permite descarbonizar el transporte de forma inmediata, aprovechando la infraestructura que ya tenemos y dando una segunda oportunidad a los motores de combustión bajo un modelo de economía circular y sostenibilidad real.

