- El nuevo Dodge Charger llega a Europa a través del importador oficial KW Automotive, con carrocerías de tres y cinco puertas.
- La gama incluye motores de gasolina Hurricane de 3.0 litros biturbo con hasta 550 CV y una variante eléctrica Daytona con 670 CV.
- La tracción total es de serie en todos los modelos, pero se puede desconectar para dar prioridad al eje trasero en modo propulsión.
- El Charger ofrece un habitáculo digitalizado con dos pantallas, asistentes a la conducción y un maletero de hasta 1.064 litros.
En un contexto donde la industria automovilística parece haberse rendido a la lógica de la eficiencia, Stellantis ha decidido mantener viva la llama de la deportividad más descarada con este modelo. Eso sí, con un enfoque que combina la esencia tradicional con las nuevas tecnologías. El resultado es un automóvil que mide 5,25 metros de longitud, tiene una anchura de más de dos metros y presume de una estética musculosa que no deja indiferente a nadie. Pero lo más importante está bajo el capó, donde se ha sustituido el clásico V8 por un motor de seis cilindros y, en el caso del eléctrico, por dos propulsores que ofrecen unas prestaciones de auténtico deportivo.
Diseño y dimensiones: un muscle car de 5,25 metros

El nuevo Charger se fabrica sobre la plataforma STLA Large del grupo Stellantis, la misma que utilizan otros modelos de la corporación, pero aquí se ha adaptado para dar cabida a una carrocería de tres puertas (coupé) y otra de cinco puertas (sedán). Las dimensiones exactas son 5.248 mm de largo, 2.027 mm de ancho y 1.499 mm de alto, con una distancia entre ejes que permite acomodar a cinco pasajeros con total comodidad. El maletero, de estilo portón, ofrece hasta 1.064 litros de capacidad, un dato sorprendente para un coche con estas credenciales.
Su diseño mantiene las proporciones clásicas de los muscle cars: capó largo, zaga corta y pasos de rueda ensanchados que dejan claro que estamos ante una máquina pensada para impresionar. La carrocería de cinco puertas es una novedad en esta generación, ya que antes solo existía la versión berlina tradicional. Ahora, gracias a una zaga más vertical, se ha ganado espacio interior sin renunciar a la estética agresiva. Los acabados incluyen llantas de hasta 20 pulgadas, faros LED y una parrilla frontal de gran tamaño que domina el conjunto.
La gama de gasolina: motor Hurricane Sixpack
Para los amantes de los motores térmicos, Dodge ha desarrollado el bloque Hurricane, un seis cilindros en línea de tres litros con doble turbocompresor que llega a 420 CV y 635 Nm en la versión R/T, mientras que el tope de gama Scat Pack se eleva hasta los 550 CV y 720 Nm. Estas cifras suponen una mejora notable respecto a los anteriores V8 atmosféricos: el R/T acelera de 0 a 96 km/h en 4,6 segundos y completa el cuarto de milla en 12,9 segundos, mientras que el Scat Pack reduce estas marcas hasta 3,9 segundos y 12,2 segundos, respectivamente.
La clave de este rendimiento no solo está en la sobrealimentación. El motor Hurricane cuenta con inyección directa a 350 bares, dos turbos de geometría fija Garrett y un sistema de escape activo con válvulas modulables. La entrega de par es especialmente generosa desde bajas revoluciones: ya a 2.500 rpm se dispone del 88% del par máximo, lo que se traduce en una respuesta inmediata al acelerador. Además, todos los modelos de gasolina incorporan una transmisión automática de ocho velocidades y tracción total de serie, una solución que mejora la adherencia y permite un paso por curva más estable.
Sin embargo, los ingenieros han querido mantener viva la tradición de los muscle cars. A través de un botón en la consola central, se puede desconectar el eje delantero y convertir el Charger en un auténtico propulsión trasera. Esto permite disfrutar de la conducción más directa y, en el caso del Scat Pack, incluye la función Line Lock para calentar los neumáticos traseros antes de una salida en línea recta. La combinación de tracción total y modo RWD hace que el coche se adapte tanto a un uso cotidiano como a un fin de semana en circuito.
El Charger Daytona: la versión eléctrica
La gran novedad de esta generación es la llegada de una variante 100% eléctrica, denominada Daytona, que se ofrece con la misma carrocería que los modelos de gasolina. La versión Scat Pack del Daytona desarrolla 670 CV y 850 Nm gracias a dos motores eléctricos, uno en cada eje, con un sistema de tracción total permanente. La aceleración de 0 a 100 km/h se completa en 3,3 segundos, una cifra que lo sitúa a la par de algunos superdeportivos, aunque la velocidad máxima está limitada a 220 km/h para preservar la autonomía.
La batería tiene una capacidad de 100,5 kWh brutos y permite una autonomía de hasta 500 km según el ciclo de homologación WLTP. Además, la carga rápida en corriente continua alcanza los 200 kW, lo que permite recuperar del 20% al 80% en algo menos de media hora. El motor delantero puede desconectarse cuando no se necesita tracción total, reduciendo las pérdidas por fricción y extendiendo la autonomía en condiciones urbanas. También está disponible el modo PowerShot, que añade 40 CV adicionales durante diez segundos a través de una sobrealimentación puntual.
El Daytona cuenta además con un sistema llamado Fratzonic Chambered, que simula el sonido de un motor de combustión mediante un amplificador y un resonador. De esta forma, los conductores pueden seguir disfrutando de la experiencia acústica que siempre ha caracterizado al Charger, aunque sea de forma artificial. En el habitáculo, la instrumentación digital de 16 pulgadas y la pantalla táctil de 12,3 pulgadas son las protagonistas, junto con la iluminación ambiental configurable en 64 colores.
Equipamiento, seguridad y disponibilidad en Europa

El interior del Charger está pensado para ofrecer un alto nivel de confort y tecnología. Los asientos deportivos proporcionan un buen agarre lateral, y el puesto de conducción se completa con un head-up display proyectado en el parabrisas. En cuanto a asistentes de seguridad, el coche incluye advertencia de colisión frontal con frenada automática de emergencia, control de crucero adaptativo con función de parada y arranque, asistente de mantenimiento de carril, monitorización de ángulo ciego, detección de tráfico cruzado trasero y reconocimiento de señales de tráfico. Se echa en falta un sistema de conducción semiautónoma de nivel 2 completo, pero para el tipo de coche que es, no se le exige.
La llegada del Charger a Europa se produce a través del importador oficial Dodge KWA (KW Automotive), que ha establecido una red de concesionarios autorizados. El precio de partida para el mercado español se sitúa en torno a los 70.000 euros, aunque esto puede variar según la versión y los impuestos europeos. En Estados Unidos, el modelo es casi un cincuenta por ciento más barato, pero aun así se espera que los aficionados españoles que quieran poseer un muscle car con esta personalidad estén dispuestos a pagar el sobrecoste. La garantía europea será de dos años, y la red de repuestos estará gestionada por la empresa Iron Parts.
Con todo, el Dodge Charger representa una apuesta arriesgada en un mercado que tiende a la electrificación y a la reducción de emisiones. Sin embargo, su combinación de potencia bruta, tecnología y diseño inconfundible lo convierte en una alternativa llamativa para quienes buscan algo más que un simple utilitario. Tanto la versión de gasolina como la eléctrica ofrecen sensaciones únicas al volante, y la posibilidad de elegir entre una carrocería coupé o sedán amplía el abanico de clientes. En definitiva, el mito americano se ha adaptado a los nuevos tiempos sin perder su esencia.
El Dodge Charger vuelve a demostrar que la deportividad no está reñida con la innovación. Con su motor Hurricane de seis cilindros biturbo y su variante eléctrica Daytona, este modelo ofrece un rendimiento que desafía a rivales mucho más caros, mientras que su presencia en las carreteras europeas asegura que los amantes de los coches emocionales tienen un nuevo objeto de deseo. La llegada del Charger a Europa no solo es noticia para los coleccionistas, sino también para cualquiera que valore una conducción divertida y sin complejos.



