- Europa impulsa el proyecto POLARIS para desarrollar baterías de sodio de estado sólido con mayor densidad energética.
- El sodio se posiciona como una alternativa económica y segura frente al litio al no depender de minerales críticos.
- La industria comienza a implementar estas baterías en sistemas de almacenamiento estacionario y centros de datos.
- Nuevos electrolitos poliméricos buscan eliminar el problema de las dendritas para alargar la vida útil de las celdas.

La carrera por encontrar el sistema de almacenamiento de energía perfecto no se detiene y parece que el sodio está ganando muchos puntos para convertirse en el gran aliado del litio. En un momento donde la demanda de electricidad no para de crecer, especialmente por el auge de los centros de datos y la movilidad eléctrica, la búsqueda de alternativas sostenibles es más crítica que nunca para no depender de suministros externos complicados.
No es ninguna tontería decir que estamos ante un cambio de paradigma, ya que los materiales que hemos usado hasta ahora tienen sus límites. La industria está centrando sus esfuerzos en mejorar la estabilidad y la capacidad de las nuevas químicas, intentando que las baterías no solo duren más, sino que sean mucho más seguras de fabricar y utilizar en nuestro día a día.
POLARIS: Liderazgo científico desde España para Europa
En este contexto de innovación, España está jugando un papel fundamental gracias al proyecto POLARIS, una iniciativa que cuenta con el respaldo de una de las ayudas más potentes de la Unión Europea. La investigadora Ikerbasque Maria Forsyth, que trabaja en el centro POLYMAT vinculado a la Universidad del País Vasco, se ha puesto al frente de esta investigación que busca revolucionar las baterías de sodio mediante el uso de estado sólido, una tecnología que promete dejar atrás los líquidos inflamables de las baterías actuales.
El objetivo de este ambicioso plan es alcanzar lo que se conoce como baterías «sin ánodo», un concepto que suena a ciencia ficción pero que podría multiplicar la densidad energética de los dispositivos. Para que esto funcione, se están diseñando nuevos polímeros iónicos que controlan cómo se mueven los iones en el interior de la celda, evitando que aparezcan esos problemas técnicos que suelen acortar la vida de los componentes antes de tiempo.
Además, este tipo de avances científicos son vitales para que Europa no se quede a la zaga en la soberanía tecnológica. Al centrarnos en materiales de nueva generación como los líquidos iónicos poliméricos, se consigue una estabilidad que las baterías de litio convencionales a veces no pueden ofrecer, especialmente cuando se les exige el máximo rendimiento en condiciones extremas.
Ventajas competitivas: ¿Por qué el sodio le pisa los talones al litio?
La gran baza del sodio es que se encuentra por todas partes, lo que lo hace mucho más barato y fácil de conseguir que otros elementos. A diferencia de las baterías tradicionales, las de sodio permiten reducir la dependencia de minerales críticos como el cobalto, el níquel o el cobre, cuya extracción suele estar rodeada de tensiones geopolíticas y precios que suben y bajan como una montaña rusa.
Desde un punto de vista técnico, se ha contrastado que estas baterías operan de forma muy similar a las de litio, ya que ambas se basan en el movimiento de iones durante la carga y descarga. Sin embargo, el sodio ofrece un rango de temperaturas mucho más amplio, lo que sobre el papel significa que no necesitan sistemas de enfriamiento tan complejos y caros, ahorrando costes significativos en las grandes instalaciones.
Aunque es cierto que todavía almacenan menos energía por kilo que el litio, se están dando pasos de gigante para cerrar esa brecha. La clave reside en el control de las dendritas metálicas, unas ramificaciones que pueden causar cortocircuitos. Si se logra dominar este fenómeno mediante nuevos electrolitos, las baterías de sodio no solo serán más baratas, sino también mucho más duraderas, aguantando un mayor número de ciclos de uso.
Del laboratorio a las grandes plantas de almacenamiento
No todo se queda en tubos de ensayo; la industria ya está moviendo ficha para sacar estas tecnologías al mercado real. Gigantes del sector están empezando a prototipar celdas de sodio para sistemas de almacenamiento estacionario a gran escala. Estas instalaciones son las que permiten que la energía renovable, como la solar o la eólica, se pueda guardar y usar cuando no hace sol o viento, estabilizando la red eléctrica de forma eficiente.
Otro punto interesante que se está explorando es la reutilización de componentes. Se está trabajando en proyectos para dar una segunda vida a las baterías que ya no sirven para vehículos pero que aún tienen fuelle para infraestructuras menos exigentes, como los centros de datos de inteligencia artificial. Esta estrategia de economía circular ayuda a que los costes de electricidad bajen y se aproveche al máximo cada material extraído de la tierra.
La combinación de la experiencia previa en la arquitectura del litio con las nuevas químicas de sodio está permitiendo que la industrialización de estas celdas sea mucho más rápida de lo esperado. Al compartir parte del diseño, las fábricas actuales pueden adaptarse sin tener que empezar de cero, lo que agiliza que veamos estos avances implementados en nuestras ciudades en un futuro muy cercano.
Todo este despliegue de talento y recursos apunta a un horizonte donde la energía será más accesible y limpia para todos. Los esfuerzos por mejorar la densidad energética y la seguridad, sumados a la abundancia de materias primas locales, están sentando las bases de una autonomía energética real en el continente. El camino está marcado por la innovación en polímeros y la aplicación práctica en la red eléctrica, asegurando que la transición hacia sistemas más sostenibles sea no solo posible, sino también económicamente viable a largo plazo.

